Restauración de una imagen de la Virgen del Rosario del Arzobispado de Valencia. La imagen mide aproximadamente 146 x 53 x 53 cm, y está hecha de madera policromada y dorada. Probablemente fuese realizada durante la primera mitad del siglo XX. Nuestra restauración se hizo en 2026.
La imagen presentaba un aspecto lamentable. Debió de sufrir daños por una mala manipulación y por envejecimiento matérico: se rompieron y perdieron algunos dedos de la mano derecha de la Virgen y de las manos del Niño Jesús, también se abrieron las juntas de los diversos elementos de madera que conforman las distintas partes de las figuras en algunas partes. A esto hay que añadir que carece de algunos elementos que en su momento presentaba y de los que ahora sólo restan los indicios de donde iban anclados, tales como: el Rosario que identifica la imagen y que debía sostenerse entre los dedos índice y pulgar de la mano derecha, los pendientes de los que sólo restan los agujeros en los lóbulos de las orejas, la corona, el nimbo, el aura y el monograma de la Virgen María que iba colocado en la parte frontal del pedestal, de los que restan los agujeros donde se anclaban dichos elementos. Es decir, el aspecto original de la obra debió de ser más llamativo de lo que es actualmente.
Se le practicaron al menos dos restauraciones antiguas, a tenor de lo encontrado durante nuestro proceso de restauración. Estas restauraciones no deben entenderse como tales, dado que no fueron sino libres interpretaciones arbitrarias de quienes las ejecutaron. Ello conllevó la modificación y añadido de elementos innecesarios a la imagen. No sólo esto, sino que fueron muy invasivas y pensadas de modo irreversible. Además ejecutadas por alguien con unas limitadísimas habilidades y conocimientos pictóricos. Entre otras cosas se reforzaron con telas de lino fuertemente adheridas las juntas abiertas de los elementos que conforman la imagen. Estas juntas se integraron tapándolas y aumentando el volumen allí donde se hallaban, con escayola. La cara de la Virgen, que técnicamente está formada por una pieza adherida al rostro porque contiene dos oquedades donde están incrustados los ojos de vidrio, había sido encolada de modo incorrecto lo cual había permitido que unos insectos anidasen en su interior. Finalmente se la repolicromó de un modo casi monocromo y muy arbitraria y burdamente. Previamente a esta intervención presentaba indicios de habérsele aplicado una capa de betún de Judea. Esto correspondería bien, a otra intervención más antigua, bien a una intervención intermedia entre ambas.
Con nuestra restauración se retiraron todos los estratos añadidos en estas intervenciones previas, también los refuerzos de tela y dorados arbitrarios del bajo del manto, así como repintes tales como las falsas puntillas del escote, etc. Con ello descubrimos los colores originales de la imagen. No obstante, el daño era de tal magnitud que la opción consensuada con el propietario de la obra, de nuestra intervención, fue repolicromar de nuevo la imagen, esta vez sí, respetando los tonos de color originales y los diseños de los dorados de los bordes del manto y de la túnica. También se reconstruyeron los dedos extraviados de ambas figuras, y se dejó levemente en un nivel más bajo cerrados los puntos de anclaje de los elementos perdidos, para que en el caso futuro de una reposición de los mismos, sea evidente donde deberán ser colocados. Hay que tener en cuenta que está imagen está sacralizada y cumple todavía a día de hoy con la función para la que se concibió. Fue por lo tanto imperioso una restauración integral.
